Si eran pequeños pixeles, o indefensos bytes, los que en un mar negro hacían de héroes. Tan solo un punto, a veces algunos unidos, le daban vida a soldados, a coches de carrera, eran el alfa y el omega de un mundo donde la liturgia consistía en pararse frente a una pantalla semi vacía, donde dos o tres pixeles hacían las veces de miedo, valor, héroes, villanos, cosas, casas, animales. Hoy el héroe de hace unos años es apenas una porción de algo mayor, es un punto en un millón de puntos, para dar vida a algo que quizás solo conozca por rumores. Una analogía triste y cercana, si nosotros no somos más que eso, somos puntos en un mundo tan moderno que nos une y nos desune formando tapices que apenas comprendemos. Sentir que en un Mundo rizomatico, en un cuerpo que escapando a la forma, con movimiento dinámico casi cómico, muy a lo Buster keaton; en un pixel, El rizoma muere, y somos presos de una lógica.Y allí vemos como se crean los espacios, como en el ajedrez de los novatos, vemos la oportunidad y acechamos el cuadro vacío, pero no sabemos el próximo movimiento, veloces nos lanzamos sin pensar en nuestro contrincante, ¿hay contrincante? Nosotros mismos. Le dimos, alguien lo hizo, la vida a un punto y en tan poco tiempo se lo volvió una célula en un cuerpo inmenso, que estará formando parte de algo aún mayor. Y no sabemos que sabemos, porque aún estamos buscando el manual para entender lo básico de sistemas que ya estamos dejando de lado. El pixel ha muerto, no el cuerpo, pero si el alma.
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